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Medios, heurísticas y participación política

Psicología del elector y heurísticas.

“Si todo el mundo siempre miente, la consecuencia no es que creas las mentiras, sino más bien que ya nadie cree nada”.
Hannah Arendt

Por: Carlos Andrés Naranjo Sierra
En el año 2002, el psicólogo de origen israelí Daniel Kanheman ganó el Premio Nobel de economía por los trabajos, con su colega Amos Tversky, sobre los sesgos cognitivos en decisiones cotidianas, integrando aspectos de la investigación psicológica con la ciencia económica. Su trabajo planteó el término “heurísticas” para develar los atajos mentales que tomamos los seres humanos a la hora de elegir entre una opción u otra, siendo la participación política una de esas elecciones. De modo que si estos atajos nos llevan a conclusiones equivocadas y sistemáticas, podemos caer políticamente en un círculo vicioso de manipulación o apatía electoral.

Las heurísticas son caminos simples y eficientes que solemos usar para formarnos juicios y tomar decisiones. Estos atajos mentales tienen, necesariamente, la virtud y el defecto de enfocarnos en un aspecto del problema para ignorar otros aspectos y actuar rápidamente. Usualmente, estos atajos suelen funcionar bien en decisiones cotidianas, pero es bien sabido que conducen a la desviación sistemática de la lógica, la probabilidad y la elección racional. Los errores resultantes se conocen habitualmente como sesgos cognitivos, y son estudiados por la ciencias de la información y utilizados también por la propaganda electoral y el marketing político.

Kahneman plantea que existen dos tipos de pensamientos, cuya división es eminentemente metodológica: pensamiento rápido, que funciona con heurísticas, y pensamiento lento, que funciona con silogismos y racionalidad. Este último tipo de pensamiento exige un mayor esfuerzo y, en consecuencia, es usado con menos frecuencia. Sólo decisiones en las que percibimos un riesgo alto nos llevan a reflexionar y calcular variables. Votar o participar en política no parece ser una de ellas. Algunos dan por sentado que es un derecho y, en consecuencia, no lo valoran, mientras otros consideran que no importa a quién elijan, pues la realidad no tendrá un cambio sustancial.

¿Por qué en Colombia la abstención electoral ronda el 50%? Efectivamente, la participación política no puede limitarse al ejercicio del voto, debe ir más allá en temas de información, reflexión y discusión. Pero algo nos indica esta cifra de participación electoral, que además es bastante semejante a lo que sucede en la mayoría de países de América Latina (exceptuando, por supuesto, aquellos donde el voto es de carácter obligatorio). Como si compartiéramos una realidad política común. Una explicación puede estar del lado de la infravaloración de la imperfecta democracia en países como el nuestro, acostumbrados a ésta; otra puede estar del lado de la cultura y la desesperanza aprendida que mencionamos líneas atrás.

¿Qué hace que la gente se vincule y en consecuencia participe más activamente en política? Los datos dicen que la respuesta está del lado de la educación. Estudios al respecto encuentran el nivel de escolaridad como una de las pocas variables que reconocen alguna relación significativa con el tema de la participación política. A mayor nivel de escolaridad, menos probabilidad de abstención, o lo que es igual, mayor probabilidad de participación electoral. Veamos algunas cifras de participación electoral y escolaridad en Colombia:

¿Qué nos lleva a votar?. Carlos Andrés Pérez Múnera. Konrad Adenauer Stiftung – Centro de Análisis y Entrenamiento Político. 2016. Página 226.

Así mismo el Índice de Democracia Mundial realizado por la Unidad de Inteligencia del diarioThe Economist, se basa en sesenta indicadores agrupados en cinco categorías que son: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. Según este índice, Noruega y los países escandinavos son los mejor ranqueados, seguidos de Estados Unidos y Europa Occcidental. Colombia se encuentra en el puesto 51 entre 167 países en total, y en el puesto 11 entre los países de Latinoamérica, siendo considerada una democracia defectuosa.

La participación política es la variable en que nos va más mal a los colombianos, con una nota de 5 en una escala de 1 a 10. Esta mide temas como el nivel de abstencionismo, la cantidad de mujeres parlamentarias, la cantidad de personas que pertenecen a los partidos políticos y el alfabetismo electoral de los ciudadanos, entre otros. De modo que la participación política se convierte en nuestro principal “talón de Aquiles” para trabajar en favor de la democracia colombiana. En este sentido, cabría preguntarnos no sólo qué nos lleva a votar, sino también qué nos lleva a no votar, a no participar. ¿La falta de educación? ¿La desesperanza aprendida? ¿Las recurrentes mentiras de la clase política?

La Psicología y la Economía, a través de lo que recientemente se ha llamado la Economía del Comportamiento o Psicología Económica, parecen arrojar luces sobre el tema. Como las heurísticas se basan en algoritmos sencillos (secuencias de pasos) para la toma de decisiones, estos algoritmos pueden ser fácilmente manipulables. Heurística de representatividad, heurística de disponibilidad y heurística de anclaje, cada una con un principio activo clave para simplificar la elección. Los estrategas políticos lo saben, los políticos de profesión lo entienden y los ciudadanos lo padecen. Expliquemos brevemente cada una de estas heurísticas para entenderlo mejor.

La heurística de representatividad consiste en estimar la probabilidad de un evento B dado otro A. En política sucede, por ejemplo, cuando nos basamos en estereotipos para determinar el perfil de un candidato. Nos parece que, por ser gordo y de baja estatura, representa la corrupción y el clientelismo. La heurística de disponibilidad se refiere a que cuanto más accesible sea un suceso, más frecuente y probable parecerá. De modo que si, por ejemplo, tenemos un recuerdo fácil de una dictadura cercana, creeremos que es altamente probable que en nuestro país también se pueda dar otra dictadura, aunque las circunstancias sean muy diferentes. Y, finalmente, la heurística de anclaje o ajuste implica partir de un número o un criterio para luego desplazarse hacia arriba o hacia abajo haciendo que parezca plausible. En marketing se utiliza mucho para la fijación de precios, y en marketing político, por ejemplo, para parecer más o menos extremo en posiciones políticas. Si soy un candidato de derechas y quiero parecer más moderado, me vendría muy bien que aparezca otro candidato de extrema derecha.

Queda claro que usualmente no nos basamos en datos estadísticos para tomar decisiones, y la política hace parte de esto. Recurrimos a la escasa información con la que contamos mentalmente en el momento y tomamos posición. Debido a que así es el procedimiento habitual de los Homines sapientes colombianos, entonces la influencia de los medios de comunicación en la participación política es clave. Al centrar los medios de comunicación su atención en las malas noticias, los espectadores contarán básicamente con esa información y en consecuencia actuarán, algunos con rabia, pero la mayoría con tristeza,lo que conllevará la desidia, es decir a la parálisis o la inacción. Es un hecho que hay malas noticias en la política colombiana, no se puede negar, pero no son las únicas. Lo que sucede es que evolutivamente, no sólo en Colombialas malas noticias son más urgentes que las buenas, de modo que se consumen con mayor voracidad. La supervivencia de nuestros antepasados debía privilegiar la información peligrosa sobre la deseosa, y el rating lo demuestra.

Las buenas noticias, las optimistas, requieren búsqueda activa (las malas llegas solas), una  elaboración mayor y suelen representar una menor categoría intelectual. Nuevamente en términos heurísticos, el optimista se generaliza como un cándido, mientras que el pesimista se suele ver como un crítico sagaz. El pesimismo vende pero desestimula la participación política, en un círculo vicioso en el que las malas noticias llevan a que menos ciudadanos decidan postular sus nombres para participar, menos personas decidan salir a votar y así suelan seguir quedando los mismos políticos que nuevamente generan las mismas malas noticias.

Johan Galtung, director del Instituto de Investigación para la Paz de la Universidad de Oslo afirma: “Los medios de comunicación dan una imagen totalmente sesgada de la realidad, haciendo que la percepción de la realidad en el público se vuelva excesivamente negativa. Esto da forma a lo que la gente está haciendo. Y da forma a los políticos, los hace negativos, en lugar de poner énfasis en el bien de la sociedad que quieren construir. Se vuelven innecesariamente competitivos en lugar de ser cooperativos».

Stiven Pinker, tal vez el psicólogo vivo más reconocido de nuestro tiempo, cuenta cómo cada vez el tono utilizado por los medios al comunicar las noticias es más negativo. Y lo demuestra con cifras. Gracias al trabajo de Kalev Leetaru, científico de datos, quien aplicó una técnica denominada minería de opiniones a todos los artículos publicados en el diario Times entre 1945 y 2005, y a un archivo de artículos y programas de radio y televisión de 130 países entre 1979 y 2010, logró evaluar el tono  emocional de los textos, demostrando que tanto el Times como el resto de medios del mundo se han ido haciendo cada vez más negativos en su enfoque informativo desde finales de los setenta hasta la actualidad. 

Romper el círculo vicioso no es fácil pues no es cognitivamente económico, es decir, no es el camino fácil. Implica frenar la inercia y proponer la participación activa de comunicadores, publicistas, psicólogos y políticos, para que la política sea algo atractivo y seductor para losciudadanos. Algo que represente inteligencia, dignidad y orgullo para quienes participan desde las instituciones democráticas y desde el voto. Pensar, dudar y volver a pensar. Algo que los griegos consideraban parte fundamental de la naciente democracia en el siglo VI a.C. pero que con el pasar de los siglos ha ido desapareciendo y dejándonos exclusivamente en manos del showbusiness. Tal vez sea el momento de bajar un poco la velocidad, pensar despacio, comparar datos, investigar un poco más y reflexionar sobre nuestra responsabilidad con la democracia colombiana. Nadie podrá negar que tenemos noticias malas pero tampoco que tenemos noticias regulares y buenas. No todo es blanco o negro, no todo es pan y circo.

DIVÁN POLÍTICO en Sin Tapujos de Teleantioquia

Esta semana estuvo movida en términos jurídicos y políticos. Hundimiento de las objeciones del presidente Iván Duque a la Justicia Especial para la Paz por parte de la Corte Constitucional, liberación de alias Jesús Santrich por concepto de la Corte Suprema de Justicia que lo consideró aforado sin posesionarse, debido a asuntos de fuerza mayor, sumado a los temas del Plan de Desarrollo y columna de Daniel Coronel en la revista Semana que le valió su despedida.

El director de DIVÁN POLÍTICO, Carlos Andrés Naranjo Sierra, especialista en estudios políticos, psicólogo y publicista, estuvo en compañía de Hernán Marín, Carlos Salgado y bajo la dirección de Juan Carlos Velásquez, discutiendo sobre estos temas de actualidad nacional, para aclarar un poco el panorama o como lo dijo nuestro director, «para tratar de estar un poco menos confundidos». A continuación el video completo del programa de opinión política del canal regional de los antioqueños:

«Belisario Betancur, un hombre de letras seducido por la política».

Videocolumna de Carlos Andrés Naranjo Sierra, director de DIVÁN POLÍTICO, a propósito del fallecimiento del expresidente colombiano Belisario Betancur el día de hoy en la Fundación Santa Fe de la ciudad de Bogotá. Es de aclarar que para las elecciones presidenciales de 1970 se postuló como disidente de su partido puesto que el candidato oficial fue Misael Pastrana.

¿Votaré por Petro movido por el resentimiento?


Por: Diego Andrés Montoya Calle*
Me disculparán los amigos politólogos la pérdida de las formas, pero es que también podemos denunciar, criticar y sentir como ciudadanos del común.

“Es que ustedes los de izquierda son unos resentidos”, me dijo una amiga hace muy poco; apunté inmediatamente a decirle que quizá sería un “conformista” en Alemania o en Noruega donde los debates que se dan actualmente giran en torno a cómo repartir o distribuir su riqueza a los extranjeros que provienen de Oriente Próximo, es decir, dar de lo que sobra a desconocidos, cuando acá en Colombia aún no nos ponemos de acuerdo en cómo hacerlo con nuestros propios compatriotas, en razón de que todo está en manos de un puñado de ricos. Y es que hasta Uribe, Duque y Lleras serían de izquierda, resentidos y emputados, o “indiada andrajosa” -como se nos considera a veces- si como la mayoría de los colombianos les hubiera tocado vivir y andar la calle.

La conexión de Gustavo Petro con las necesidades del pueblo no es gratis, responde a un colombiano que culminó sus estudios con esfuerzo, un líder hecho a pulso, independiente. Sus años de lucha, el trabajo comunitario,  su aporte en la constituyente, las denuncias valientes en el Senado incluyendo la que hizo a los hermanos Moreno que militaban en su mismo partido, y su gestión como Alcalde entorpecida por los medios de comunicación y poderosos en Bogotá, le dotaron de conocimiento para saber qué necesita la gente de a pie. Eso lo muestra el multitudinario apoyo popular en la plaza pública en este país en el que se le perdona todo a todos: a corruptos, a violadores, a sicarios, a paramilitares… pero nunca hay perdón para un “izquierdoso resentido”.

En otra ocasión me dijo otra amiga que no le gustaba Petro por “la manera o forma de hablar”; pensé que Pastrana, Uribe y Santos ganaron el primero, por bonito; el segundo, por su hablado afectuoso y paternal, y el tercero ganó aunque no dominaba bien las artes liberales de la elocuencia; y sin embargo los tres y otros tantos de derecha nos tuvieron y nos tienen comiendo literal mierda.

Las razones para escoger un candidato deben radicar en sus propuestas. Me pregunto, ¿cuántos colombianos conocieron el programa de gobierno de cada candidato? (https://www.publimetro.co/co/noticias/2018/03/20/propuestas-candidatos-presidente-colombia-2018.html), ¿cuántos colombianos conocen las propuestas de Petro que claramente son las más ambiciosas y coherentes que candidato alguno se haya atrevido a proponer desde los tiempos de Gaitán?

Yo me atrevería a decir que lo nuestro no es resentimiento sino una actitud endurecida por la experiencia de resistir los embates del establecimiento y de los poderosos de este país, además de una actitud de orgullo por sacar a la izquierda de su largo letargo, pues ahora su movimiento apunta a lo que hace la izquierda aquí y en la lejana China: enarbolar las banderas de los menos favorecidos o “sumergidos” de las sociedades. Eso no es pedantería, ni arrogancia o resentimiento, sino una férrea convicción y una lucha decidida por la dignidad de la gente excluida históricamente del reparto justo de la riqueza nacional.

Y es que a mí, como a usted, no me gusta salir a la calle a respirar humo de carro con material particulado y altamente cancerígeno (http://www.elcolombiano.com/antioquia/particula-en-el-aire-del-aburra-es-53-4-cancerigena-YM6482111); nos da tristeza ver campesinos desposeídos y niños indígenas desprotegidos en las esquinas, y odiamos quedarnos tres o cuatro horas en una sala de urgencias; nos afectan los contratos mal pagos de tres y cuatro meses, sin recargos, sin horas extras y sin vacaciones remuneradas; y muchísimo menos nos agrada la perspectiva oscura de no poder pensionarnos; eso no gusta ni en Colombia ni en Alemania.

Lo cierto es que las élites políticas y económicas tradicionales nos han mentido convenciéndonos de  que las cosas son así porque es natural que sean así, pero la verdad todo esto pasa por decisiones políticas materializadas en leyes, acuerdos o decretos, impulsadas por esos hombres y mujeres que a la hora de ganar votos te dicen que están contigo.

Colombia es un país rico en todo. Cuando chico no comprendía qué era ser ricos, pues no percibía mi situación como la de un rico. Ahora sé que siempre hemos sido potencia por nuestra biodiversidad, multietnicidad y pluriculturalidad, con pleno derecho a ser ciudadanos de primer mundo, pero siempre ha sido un ideal postergado: lo que ha ocurrido es que no ha habido una ética del bienestar para todos y nuestros gobernantes siempre han eludido su responsabilidad de servidores públicos; el segmento de población sumergida es vergonzante por negligencia del estado de brindar protección social, y el líder de cada época que conoce esto y quiere cambiarlo resulta inmolado o asesinado.

Fue Zygmunt  Bauman,  a propósito de la violencia nazi en la Segunda Guerra Mundial y su perfecta máquina de aniquilación masiva, quien se refirió a la pérdida de los resortes humanos; es decir: de las consideraciones éticas, de la empatía y las barreras morales, debido a la ausencia de voluntades y a la falta de decisión de la gente.

Si la Colombia Humana de Petro no logra instalarnos en ese “primer mundo”, si no logra que el estado pueda subsidiar la compra de vehículos eléctricos para dejar de llenar mis pulmones de hollín, si no logra quitar la intermediación de las EPS del sistema de salud o brindarnos plena soberanía sobre lo que comemos promoviendo que el campesino regrese al campo; si todo esto parece imposible pues, como dicen sus detractores, carece de “realismo político”, por lo menos y siguiendo en la misma línea de Bauman, no quiero faltar a mi deseo de voluntad y decisión. Colombia debe recuperar los hilos que nos atan a lo humano y esta es la oportunidad: hagamos época, movilicemos nuestras voluntades. Esto no es falta de realismo; simplemente el camino es largo y es la hora de empezar.

*Politólogo Universidad de Antioquia. Docente IUE. @diegomontoyac1